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'Gusto, Basilica di Santa Sabina, Boca della Veritá, Caravaggio, Coliseo, Foro Romano, Jardín de los Naranjos, Mausoleo de Augusto, Orden de los Caballeros de Malta, Palacio Barberini, Palatino, Piazza del Popolo, Piazza di Spagna, Piperno, Quatro Fontane, Santa Maria dei Miracoli, Santa Maria del Popolo, Santa Maria in Montesanto, Scuderie del Quirinale, Tridente, Via Margutta
El tercer día que pasamos en Roma lo comenzamos en la Scuderie del Quirinale, donde todavía hay una exposición magnífica de Caravaggio en la que se muestran sus mejores obras –yendo a la iglesia de San Luis de los Franceses para ver los tres cuadros que allí se exponen, se tiene una visión completa del trabajo de Caravaggio–. Si vais a Roma antes del 13 de junio, no debéis dejar de ver esta excelente exposición.
Las cuatro esquinas de la Plaza de las Cuatro Fuentes
Palacio Barberini
Después de la primera parada cultural, dimos un largo paseo hasta la Piazza del Popolo, pasando por la plaza de las Cuatro Fuentes y el Palacio Barberini (Galleria Nazionale d’Arte Antica).
Nos hicimos una foto en la fuente de Piazzale Flaminio y visitamos la iglesia de Santa Maria del Popolo, que está junto a la Porta del Popolo, magnífica entrada a la espectacular Piazza del Popolo.
La Piazza del Popolo está presidida por el Obelisco flaminio (dedicado a Ramsés II, traído de Heliópolis y el segundo más antiguo de Roma), tiene a su izquierda las impresionantes escalinatas a la colina de Pincio y comunica con el famoso Tridente (la Vía del Corso en el centro, Vía del Babuino a la izquierda y la Vía di Ripetta a la derecha. Las iglesias gemelas de Santa Maria dei Miracoli (1681) y Santa Maria in Montesanto (1679), empezadas por Carlo Rainaldi y completadas por Bernini y Carlo Fontana, delimitan el cruce de las calles).
Puerta del Pueblo y escalinatas a la colina de Pincio
Seguimos nuestro recorrido por la Vía del Babuino y lo continuamos por una de las calles más encantadoras de Roma, la Via Margutta, llena de galerías de arte, preciosas casas y tiendas con mucho encanto.
Mi amigo Iván (el chileno) me recomendó una tiendecita en la que hacen plaquitas de mármol para los turistas (allí le compramos a Cris su regalo romano).
La siguiente parada era de las obligadas: la Piazza di Spagna, abarrotada de turistas –como era de esperar–, pero sin perder nada de su encanto. Subimos y bajamos las escalinatas (el calor era considerable aunque faltase mucho para el verano) y, después de descansar un rato en la fuente de abajo, continuamos el recorrido por Via dei Condotti y Via del Corso hasta llegar a la zona del Mausoleo de Augusto, para comer en un sitio más que recomendable llamado ‘Gusto –tienen pizzería, restaurante, osteria, etc.– (estaba todo muy rico, bien de precio, y los locales tienen una decoración muy chula).
Interior de la pizzería ‘Gusto e inquietante escaparate de una tienda del barrio
La tarde iba de ruinas. Comenzamos por el Coliseo, que es tan impresionante como nos habíamos imaginado, y continuamos la visita por el Arco de Constantino y el Palatino.
El Palatino era la zona elegante de la antigua Roma, donde vivían los aristócratas de la capital, y está sembrado de villas en ruinas y vistas preciosas.
El Coliseo romano
Vistas del Foro Romano
Desde el Palatino se puede disfrutar de una vista espléndida de las ruinas del Foro Romano, antiguo centro del mundo (Tempio di Vesta, Arco di Tito, Lapis Niger, Palazzo Senatorio, Rostrum, etc.).
Aunque nos habíamos dado un buen tute, aunque quedaban un par de visitas antes de la hora de la cena. Primero nos acercamos hasta la zona donde está la Chiesa di Santa Maria in Cosmedin, para ver la Boca della Veritá (más que nada, por la escana de la película).
Villa del Palatino y Bocca della Verità
Desde allí seguimos el recorrido para ver las recomendaciones que nos hizo Santi: el precioso Jardín de los Naranjos (con unas vistas fantásticas) y mirar por la cerradura de la Orden de los Caballeros de Malta (si queréis saber lo que se ve, haced clic en la foto de la puerta, pero lo mejor es ir y mirar uno mismo).
Aprovechamos también el paseo para visitar la Basilica di Santa Sabina, que está muy cerca.
Niños jugando y vendedor de castañas en el Jardín de los Naranjos
Entradas a la Orden de los Caballeros de Malta y a la Basílica de Santa Sabina
Había sido una jornada agotadora, así que volvimos al hotel a descansar y, después, fuimos a cenar a uno de los mejores restaurantes del barrio judío de Roma, el Piperno (recomendación de mi amigo Juan). Es un local decorado como hace 30 años o más, con camareros mayores vestidos de blanco, una señora que te recibe a la puerta para recoger los abrigos y un ambiente de familias “de otra época”; absolutamente kitsch. Los platos estrella son los “carciofi a la giudea” (alcachofas) y el bacalao frito, que estaba sencillamente delicioso.
Después de la completa jornada del viernes, ya sólo quedaba el sábado, día en el que finalizaba nuestra visita a Roma.
































Menudas palizas nos metemos en nuestros viajes.
El jardín de los naranjos es muy chulo, me gusto y era muy acogedor.
Todavía me acuerdo del bacalao rebozado.
Muacks
Bien que lo disfrutaste
Me encantan tus crónicas. Qué viajes tan bien aprovechados, por favor.
Vuestros viajes son la pera, no os dejais ni un detallito, ¡qué día más agotador!, no me extraña que te haya costado contarlo…
Las fotos muy chulas, por supuesto no he podido evitar clickear…
Demasiado bien aprovechados. Tenemos que hacerlos algo más relajados. El viernes hacemos una miniescapada a París (a un concierto) y creo que ni llevaré la cámara
eso es que hoy ya estás bien? oye! que nos tienes preocupadas a unas cuantas!