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Siempre que viajo me pregunto si las tarjetas Madridcard, Berlincard y similares (las hay en casi todos los países) merecen la pena o no. Hace seis o siete años compré una Berlincard que incluía transporte, visitas a museos y descuentos en tiendas y restaurantes durante tres días. No recuerdo cuánto me había costado, pero sí que, después de echar cuentas, había merecido la pena por muy poco.
Esas tarjetas han ido evolucionando y multiplicándose, de forma que han separado la parte cultural de la de “shopping” y restaurantes y, en casi todas, han retirado la opción de transporte público.
La semana pasada decidí probar una Madridcard Cultura de 24 horas y la compré en Atrápalo. La ventaja de Atrápalo es que siempre consigues todo un poco más barato y hay ofertas muy interesantes (mi última visita al teatro, el vuelo a Nueva York de Fin de Año y alguna cena de estos últimos meses los reservé por Atrápalo).
El precio de la Madridcard Cultura 24h es de 31€ (un 5% menos en Atrápalo) y permite durante 24 horas, a partir de la primera vez que la utilizas, la entrada a museos, algún tour turístico, descuento en el autobús turístico, etc. Si tenemos en cuenta que los museos están abiertos, como mucho, ocho horas, es casi imposible sacarle rendimiento a esta tarjeta (la de 48h, que sólo cuesta 4€ más, quizá sí merezca la pena). Además, muchos de los museos que figuran en la muy buena guía que incluye son grauitos de por sí y otros no permiten la entrada a las exposicions temporales (como el Thyssen, del que indican que tienes acceso preferente al museo y después resulta que sólo puedes acceder a la exposición permanente). Lo mejor es que el acceso al Reina Sofía es gratuito para todas las exposiciones y que en El Prado, aparte de ser todo gratuito, no hay que pasar por taquilla.
En definitiva, si eres un turista compulsivo y vas a ver una media de cinco o seis museos al día, a lo mejor te merece la pena la tarjeta de 48h, pero la de 24h no merece la pena en ningún caso (ni aunque incluya tres tickets para tomate un cerveza y una tapa en la cafetería de El Corte Inglés y en el Museo del Jamón). Eso sí, lo que merece la pena en todo caso es comprarla por Atrápalo.
Mis dos últimas aduisiciones prometen, aunque tengo que confesar que tenía cierto temor de La ninfa inconstante, la novela póstuma de Guillermo Cabrera Infante. Eso de que publiquen una novela de un escritor tiempo después de que haya muerto es un poco sospechoso: ¿será una jugada comercial con cuatro papeles que han localizado o que el propio escritor desechó en su momento?











El miércoles aproveché un momento libre que tuve por la tarde para acercarme a la nueva sede social de La Caixa, que, junto con el 


Una de las medianeras que delimitan el espacio de CaixaForum se ha convertido en un jardín vertical: es un impresionante tapiz natural formado por 15.000 plantas de 250 especies, creado por Patrick Blanc. Es el más grande que se ha implantado, hasta la fecha, en una fachada sin huecos -tiene 460 m2- y actúa como agente medioambiental, aísla del ruido y protege la fachada de las inclemencias del tiempo. Aunque el pasado verano parecía que se secaba, parece ser que han solucionado los problemas y, en estos momento, el aspecto del tapiz vegetal es muy bueno.





