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Seat 850La imagen que tengo de 1980 es un tanto curiosa. Tenía entonces 13 años y por primera vez iba a ir de acampada. Era como participar en una aventura, con el añadido del nombre del lugar: ¡la Sierra de la Loba! Para mí y para mis amigos, una sierra y lobos hacían que la aventura fuera especial; con nuestra edad, como diría Buzz Lightyear años más tarde, aquello era como ir hacia el infinito y más allá.

Para ir hasta el lugar de la acampada nos dividieron en grupos de cuatro. Cada grupo iba en el coche de un profesor y a nosotros nos tocó ir con el de Lengua. Manuel, el profe, era bastante desagradable con los alumnos; no era, desde luego, el que yo hubiera elegido para emprender ese viaje, pero sólo nos acompañaría durante el trayecto a la sierra y después nos libraríamos de él.

El viernes por la mañana, mis tres amigos y yo nos montamos en el Seat 850 del profesor y nos pusimos en ruta. Hacía mucho calor y el coche no tenía aire acondicionado, así que Manuel abrió la ventana hasta más o menos la mitad.

Sierra de la Loba (Betanzos)

Seat 850Íbamos comentando las cosas que haríamos ese fin de semana de aventura cuando el profe carraspeó con fuerza. Entonces vimos como giraba la cabeza hacia la izquierda y escupía. El cálculo no fue muy afortunado: una flema densa se estampó en la ventana sin que Manuel hiciera nada por solucionarlo. Durante el resto del trayecto, comprobamos con una mezcla de asco y risa cómo la flema iba deslizándose lentamente por la ventana.

Esa es la imagen que me viene a la cabeza cuando trato de recordar cosas de aquel año. Del fantástico fin de semana de aventura en la Sierra de la Loba no soy capaz de recordar mucho más.

P.D.: Creo que el profesor, unos años más tarde, se compró un Skoda. Lo que nunca he llegado a saber es si consiguió mejorar la puntería 🙂

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