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Las dos últimas obras de teatro que he ido a ver (la próxima creo que será El dúo de la Africana) son Llama un inspector y Días de vino y rosas.

Llama un inspectorLlama un inspector es una brillante obra del dramaturgo inglés J.B. Priestley (1894–1984), que se estrenó en Londres en 1946. La obra, que en principio parace un thriller con toques de comedia costumbrista, presenta a una familia de la aristocracia industrial británica que, cuando celebra la pedida de mano de su hija, recibe la visita de un inspector que investiga el suicidio de una joven humilde. Pero Llama un inspector mucho más que eso y sorprende al espectador con una estructura lograda por un muy interesante tratamiento del tiempo escénico.

Creo recordar que vi la obra hace quince o veinte años en el Teatro Infanta Isabel (y más vagamente creo recordar que la protagonizaba Emilio Gutiérrez Caba) y me había gustado mucho (si no me equivoco, el montaje no era nada clásico y el inspector aparecía en escena por medio de un ascensor). La versión que se presenta ahora en el Teatro Reina Victoria (en versión de Juan Altamira y dirigida por Román Calleja) tiene una escenografía clásica, bastane bien resuelta. Aunque la obra original tiene lugar en 1910, en esta ocasión se trasladan los hechos a 1939, justo antes de la Segunda Guerra Mundial.

Escena de Llama un inspectorMe ha sorprendido especialmente Concha Cuetos, que está sencillamente fantástica. José Luis Pellicena, como el inspector, también está a una gran altura (en la representación que vi, se quedó en blanco un momento, pero gracias a Concha Cuetos, salió del paso casi sin que se notara) y Paco Valladares es el de los mejores momentos (aunque reconozco que es fácil amarlo u odiarlo indistintamente). En los demás papeles, cumplen su cometido a buen nivel Iván Gisbert, Lola Manzanares, Guillermo Muñoz y Olga García.

Y esta ha sido la parte positiva, ya que Días de vino y rosas es harina de otro costal.

Dias de vino y rosasLa obra que se representa actualmente en el Teatro Lara, escrita por J.P. Miller’s, en versión de Owen Mcafferty y adaptada por David Serrano, tenía la difícil papeleta de que iba a ser comparada con la espléndida película de Blake Edwards; y no sale precisamente bien parada. No me ha gustado la “puesta al día” del argumento, la escenografía tampoco me ha convencido y, siento decirlo, los actores tampoco están a la altura que se podía esperar de ellos (especialmente Carmelo Gómez, al que recuerdo en su excelente trabajo en La Cena, junto a Flotats –y dirigido por Flotats–). Y creo que el problema principal es la directora, Tamzin Townsend, que por algún motivo que se me escapa, dirige casi todo lo que se estrena últimamente en Madrid (El método Grönholm, En la cama, Un dios salvaje, Carnaval, Seis clases de baile en seis semanas). Quizá, si os ha gustado El método Grönholm –a mí me pareció muy muy floja– os guste Días de vino y rosas, ya que la mano de Tamzin Townsend en la obra es más que evidente.

El dúo de la AfricanaLa próxima semana le tocará el turno a El dúo de la Africana (en el Teatro María Guerrero), en una versión –bastante libre, por lo que me cuentan– producida por el Teatre Lliure.

Y si me queda tiempo, intentaré ir a ver al Teatro Español la obra de Brisville El encuentro de Descartes con Pascal joven, dirigida y protagonizada por Josep-María Flotats.