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Glengarry Glen RossEl pasado sábado tuve la oportunidad de ver en el Teatro Español la versión de Glengarry Glen Ross que dirige Daniel Veronese. La obra de David Mamet, premiada con el Pulitzer en 1984, muestra con crudeza los resultados a los que lleva el culto al materialismo y el capitalismo más feroz. Mamet lo muestra por medio de las reacciones de los empleados de una inmobiliaria, a los que la empresa les pone en una difícil tesitura: a los que consigan más ventas les premiarán (un coche y dinero) y los que queden en peor lugar serán despedidos.

Recuerdo que la película que dirigió James Foley en el 92 (con guión del propio Mamet) me pareció que tenía unas actuaciones brillantes (el reparto era de escándalo –Al Pacino, Alan Arkin, Jack Lemmon, Alec Baldwin–), pero no acabó de convencerme; me pareció que no lograba transmitir el ritmo perfecto y endiablado de las obras de Mamet.

Esta versión de Veronese que se está representando en el Teatro Español es más ligera que la película (lo que no es malo en absoluto) y el texto está traducido con gran acierto. La escenografía, de Andrea D’Odorico, es espléndida (especialmente, para mí, la oficina, aunque había gente que le reprochaba ser poco claustrofóbica) y el desarrollo de la trama no deja que el espectador se desconcentre ni un solo segundo.

Gonzalo de Castro en Glengarry Glen Ross

Gonzalo de Castro en Glengarry Glen Ross

Pero lo realmente destacable es el trabajo de los actores (mérito también de Daniel Veronese). Están todos espléndidos, pero tengo que destacar a dos: Gonzalo de Castro y Carlos Hipólito. De Gonzalo de Castro sólo tenía referencias de sus trabajos en TV, y tengo que reconocer que está sencillamente soberbio. Carlos Hipólito confirmó lo que ya había comprobado en otras ocasiones: es uno de los mejores actores de este país. La escena con la que comienza la obra y la que cierra la representación son para que le den todos los premios.

Como siempre, Mamet es una apuesta segura (he visto en teatro El Búfalo Americano, Matrimonio de Boston, Noviembre y Glengarry Glen Ross) y Daniel Veronese es uno de los directores actuales que hay que seguir (vi su estupenda Un Hombre Que Se Ahoga –versión de Tres Hermanas, de Chéjov– y me perdí Mujeres Soñaron Caballos, que tuvo unas críticas fabulosas).