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Plano de Taormina. Está marcada la via Umberto I y el recorrido del funicular, así como algunos de los lugares que comento en el texto.

Plano de Taormina. Está marcada la via Umberto I y el recorrido del funicular, así como algunos de los lugares que comento en el texto.

Ocio en Taormina: ballet, ópera y funerales (increíble que se anuncien así).

Ocio en Taormina: ballet, ópera y funerales (increíble que se anuncien así).

El sábado por la mañana cogimos el coche para ir de Catania a Taormina (tal y como teníamos organizado el viaje, no teníamos otra opción, pero ir un sábado a Taormina significa ver la ciudad entre un enjambre de turistas). Lo mejor, tras haber pasado el susto de la sinuosa carretera de acceso, en la que los autobuses se tienen que parar en numerosas ocasiones porque literalmente no son capaces de girar con otro vehículo enfrente, es dejar el corche en el aparcamiento Lumbi. Después, uno tiene dos opciones: hacer cola para un bus gratuito que va al centro, o subir unas 200 escaleras. Nosotros subimos las escaleras y merece la pena (no son complicadas como las de Ragusa y, una vez subidas, estás ya en el centro).

Como se puede leer en la magnífica guía de Reyero (no me cansaré de recomendarla, aunque se ha quedado muy desfasada en lo referente a hoteles y restaurantes), Taormina es, en palabras de Guy de Maupassant, sólo un paisaje, “pero es un paisaje que resume en sí todo lo que hay en la tierra capaz de atraer la vista, la imaginación y el espíritu”. Y no hay mejor sitio que el Teatro Griego para comprobar que Maupassant no se equivocaba.

Vista de Taormina desde el Teatro Griego. Al fondo, el Etna.

Vista de Taormina desde el Teatro Griego. Al fondo, el Etna.

Empezamos nuestra visita a Taormina, efectivamente, por el Teatro Griego (aunque lo que se puede ver actualmente es un teatro romano (el griego se reedificó en el siglo II aC). El teatro es magnífico y está muy bien conservado –unos días después de nuestra visita iba a actuar Patti Smith–, pero lo que merece más la pena es disfrutar de las vistas de la ciudad y la costa.

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– Dos vistas del Teatro Griego de Taormina.

Tan espectacular como el propio Teatro Griego son las vistas de Taormina, la costa y el Etna.

Tan espectacular como el propio Teatro Griego son las vistas de Taormina, la costa y el Etna.

Callejuelas con encanto.

Callejuelas con encanto.

Tras la visita al teatro, lo que tocaba era recorrer la pequeña ciudad a pie, siguiendo el corso Umberto I y callejando un poco.

Prácticamente todas las callejuelas y rincones de Taormina tienen un encanto especial (obviando a los grupos de turistas). Además, hay también palacios e iglesias (Palacio Corvaja, Palacio de los Santo Stefano, Duomo di San Nicoló, Torre dell’Orologio, etc.) y un precioso jardín público, Villa Comunale, que tiene unas vistas magníficas de la costa.

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Paseando por las calles de Taormina.

Es difícil imaginarse, viendo la bonita escalinata, que el edificio del fondo es un Night Club y Cabaret (lo indica en el rótulo).

Es difícil imaginarse, viendo la bonita escalinata, que el edificio del fondo es un Night Club y Cabaret (lo indica en el rótulo).

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La iglesia de San Giuseppe es barroca y casi kitsch.

La iglesia de San Giuseppe es barroca y casi kitsch.

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Piazza 9 Aprile, con la torre del reloj a la izquierda y la iglesia de San Giuseppe delante de las montañas, y catedral.

Después de recorrer longitudinalmente la ciudad, decidimos hacer caso a Reyero y, dado que comer en Taormina es muy caro, fuimos a la tienda Mamma Mía (via Bagnoli Croce, 50), donde nos hicieron unos riquísimos bocadillos con productos italianos. Compramos también unas cervezas y nos acercamos hasta los jardines públicos Villa Comunale, un lugar perfecto para hacer un picnic.

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Dos vistas de Villa Comunale (jardines públicos).

Dos vistas de Villa Comunale (jardines públicos).

Después de comer habíamos decidido que tocaba playa, así que nos acercamos al teleférico, que nos bajó hasta la zona de la playa de Mazzarò e Isola Bella. Como en Palermo íbamos a ir a Mondello, una playa clásica, en Taormina elegimos Isola Bella, una isla casi unida a tierra por una lengua de arena (bueno, más bien pedregosa). La zona se vende como playa, pero es de piedras y hay muchas rocas. Aún así, en las hamacas de pago se está estupendamente y el agua, como en toda Sicilia, tiene un color impresionante.

Isola Bella, en Taormina.

Isola Bella, en Taormina.

Terminado el baño, había que volver sobre nuestros pasos: subir las escaleras de acceso a la playa, coger el funicular hacia Taormina y, por suerte, bajar las escaleras que llevan al aparcamiento Lumbi (a la salida del funicular, en un puestecito que había enfrente, nos bebimos un zumo de naranja recién exprimido y fresquito que nos supo a gloria).

Después de la "batalla".

Después de la “batalla”.

Ya de nuevo en Catania, después de descansar un rato en el hotel, nos fuimos a cenar, dando antes un pequeño paseo por el centro. Llegamos hasta la Piazza Carlo Alberto, donde está la iglesia de Carmine y donde se celebra un típico mercado que, como podéis ver en la foto, estaba más que finalizado. Elegimos Metró (via Crociferì, 76), un restaurante del Slow Food Movement, que viene especialmente recomendado en la guía de Lonely Planet. Cenamos en la terraza (el interior me dio la impresión de que estaba cerrado) y, aunque todo estaba rico, el servicio fue lentísimo (no va de eso lo de “slow”), algunos platos de la carta no los tenían y la relación calidad/precio no fue de las mejores.

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– Iglesia del Carmine, en la piazza Carlo Alberto (donde se celebra diariamente un mercado) y puesto de helados muy poco apetecible.

Así se terminaba nuestro segundo día en Sicilia (bueno, después de cenar nos tomamos unos riquísimos helados de palo en un local de via Etnea y unas copas en el bar del hotel). El domingo por la mañana pondríamos rumbo a Palermo.

Aunque no suelo colgar muchas fotos nuestras, aquí está la prueba de que sí que estuvimos en Sicilia (Cristina y Fernando durante la visita al Teatro Griego).

Aunque no suelo colgar muchas fotos nuestras, aquí está la prueba de que sí que estuvimos en Sicilia (Cristina y Fernando durante la visita al Teatro Griego).

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