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Vista frontal del Teatro Massimo de Palermo, con las famosas escalinatas de El Padrino III.

Vista frontal del Teatro Massimo de Palermo, con las famosas escalinatas de El Padrino III.

Non disturbare il conducente.

Non disturbare il conducente.

El lunes, después de desayunar en el hotel, nos acercamos andando hasta el Teatro Massimo (diseñado en 1875 por Giovanni Battista Basile y su hijo, y famoso, entre otras razones, porque en su escalinata de entrada se desarrollan las últimas escenas de El Padrino III). Frente al teatro para el autobús para ir hasta el Palacio de los Normandos y la capilla Palatina. Mientras esperábamos el bus, tuvimos tiempo suficiente para escribir nuestras memorias (y menos mal que nos avisaron de que el ticket hay que comprarlo en los kioscos). NOTA: Ampliad la foto del bus, que tiene su gracia.

Otra vista del Teatro Massimo de Palermo.

Otra vista del Teatro Massimo de Palermo.

Entrada a la capilla Palatina.

Entrada a la capilla Palatina.

Una de las visitas imprescindibles en Palermo es el palacio Real y la capilla Palatina. El palacio de los Normandos es la actual sede de la Asamblea Regional siciliana. El edificio se asienta sobre una fortaleza púnica. Los emires musulmanes levantaron sobre ella su residencia, pero los reyes normandos fueron los que definitivamente ampliaron y embellecieron el edificio. La capilla Palatina fue erigida por Roger II entre 1130 y 1140. La maravilla de artesonado es de 1143 y está formado por mocárabes pintados con representaciones de la vida y corte en el desierto, de inspiración persa. Pero lo que deslumbra al visitante son los mosaicos, recubiertos de láminas de oro y ejecutados en 1140 y en 1170.

La capilla Palatina es, como podéis ver, una de las visitas obligadas en Palermo.

La capilla Palatina es, como podéis ver, una de las visitas obligadas en Palermo.

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– Detalles de la capilla Palatina, en el Palacio de los Normandos (Palermo).

Después de ver la capilla, recorrimos el resto de salas del palacio que se podían visitar (apartamentos reales) y, tras finalizar la visita, nos dirigimos al Mercato delle Pulci, donde venden antigüedades.

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– Tiendecitas de antigüedades en el Mercato delle Pulci.

Seguimos el paseo por la via Vittorio Emanuele hasta la Catedral, cuyo curioso aspecto se debe a que tiene partes de todos los siglos (desde el origen bizantino hasta las últimas obras en el siglo XIX).

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– Catedral de Palermo.

Vista general del interior de la catedral de Palermo.

Vista general del interior de la catedral de Palermo.

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– Detalle del altar y frescos de la catedral y exterior (estatua de Santa Rosalía).

Vimos también en nuestro recorrido algún patio, la piazza Bologni (rodeada de palacios) y, finalmente, paramos en el convento de Santa Caterina para comprar una entrada para visitar su iglesia y la del Gesù (Casa Professa).

Piazza Bologni, en la via Vittorio Emanuele.

Piazza Bologni, en la via Vittorio Emanuele.

Un precioso patio de una casa de la via Vittorio Emanuele, muy cerca de la Catedral.

Un precioso patio de una casa de la via Vittorio Emanuele, muy cerca de la Catedral.

La iglesia del Gesù (de los jesuitas), en la piazza di Casa Professa, es el barroco llevado al paroxismo. Fue iniciada en 1564 y, por desgracia, los bombardeos de 1943 dañaron especialmente las bóvedas (las pinturas actuales son horribles). La iglesia tiene también una cripta y una capilla en el piso superior.

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– Exterior y recargadísimo interior de la iglesia del Gesù.

Detalle del interior de la iglesia del Gesù.

Detalle del interior de la iglesia del Gesù.

La iglesia de Santa Caterina, en la piazza Bellini, no se queda atrás en cuanto a su decoración barroca. Se construyó entre 1580 y 1596, y su interior está cubierto de mármoles de colores, pinturas, altares, estucos y estatuas. Aparte de la iglesia, se puede visitar un pequeño museo de arte sacro y los claustros.

Detalle de un fresco de Santa Caterina.

Detalle de un fresco de Santa Caterina.

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– Cúpula y altar de Santa Caterina.

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– Vista general del interior de la iglesia de Santa Caterina y detalle de la decoración de una de las columnas.

Tras las que iban a ser las últimas visitas culturales en Palermo, nos dirigimos al mercado de la Vucciria, para verlo y, de paso, comer algo por la zona. Quizá porque era ya tarde (y además lunes), el mercado tenía muy pocos puestos y no había nada de ambiente por las calles. Para colmo, casi todos los restaurantes que íbamos mirando en las dos guías estaban cerrados o ya no existían. Al final, ya casi exhaustos, terminamos en el barrio de la Kalsa, detrás de la piazza Marina, en un restaurante que fue un buen descubrimiento. Sikilia, en via Alloro, 22, es un pequeño restaurante de comida siciliana con un toque de cocina creativa. Todo estaba riquísimo y el precio acorde a lo que ofrecen.

Mercado de la Vucciria.

Mercado de la Vucciria.

Del restaurante nos fuimos, andando, hasta el hotel. Y en ese trayecto, en la Kalsa, hice una de las fotos que más me gusta: un chico y una chica sentados en cajas de bebidas, charlando bajo la sombra del único árbol de la zona y, como telón de fondo, unas casas ruinosas decoradas con graffitiLa Kalsa fue el corazón cultural e intelectual de Palermo. El nombre es de origen árabe, (khalisa quiere decir “pura”) y se trata de uno de los barrios más antiguos de Palermo, rico en monumentos y edificios. Devastado durante los bombardeos de la segunda guerra mundial, está volviendo lentamente a renacer gracias a proyectos de restauración y recuperación urbana e iniciativas culturales.

Hasta en las zonas más abandonadas de la Kalsa se puede encontrar cierta belleza.

Hasta en las zonas más abandonadas de la Kalsa se puede encontrar cierta belleza.

Después de un breve descanso en el hotel, cogimos el coche y pusimos rumbo a Mondello, la zona de playa de los palermitanos, que merece la pena ver (y disfrutar) una tarde. Aunque no llevé la cámara, merece la pena admirar la playa y el edificio del balneario Kuursal, que se adentra en el mar y sirve de recuerdo de lo que fue Mondello en otra época. Os dejo una de las fotos que he encontrado en internet.

Foto de la playa de Mondello y del balneario Kuursal (la playa, en realidad, está llena de tumbonas y sombrillas de pago).

Foto de la playa de Mondello y del balneario Kuursal (la playa, en realidad, está llena de tumbonas y sombrillas de pago).

Y tras la tarde de playa, sólo quedaba regresar a Palermo, darse una buena ducha en el hotel e ir a cenar. En esta ocasión fuimos a la Casa del Brodo, una excelente trattoria (via Vittorio Emanuele, 175) frecuentada por personajes famosos y con una cocina excelente (los espaguetis vongole estaban exquisitos y el pez espada no se quedaba atrás).

Aquí termina la crónica de la visita a Palermo. El martes emprenderíamos viaje a Siracusa, pero eso será parte de la próxima crónica.

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