Berlín 2012

Detalle de la Puerta de Brandemburgo (foto de 2008).

Esta es la crónica de mi tercera visita a Berlín, una de las ciudades en las que me gustaría vivir. Decir Berlín es decir bicicletas, parques, terrazas y bares, museos, galerías de arte, tiendas, arquitectura, … Berlín tiene casi de todo (menos aire acondicionado y pago con tarjeta de crédito), aunque normalmente le sobra lluvia y le falta un poco de sol. En este viaje no nos ha faltado sol (un calor casi insoportable por la humedad) y nos ha respetado la lluvia (salvo al final del viaje). Además, aunque ha sido bastante relajado, hemos hecho de todo y, lo más importante, lo hemos disfrutado de verdad.

Antes de empezar con la crónica, os recomiendo algunas cosas. Por una parte, está bien llevar alguna guía. “Cheap & Chic. Berlín a bajo precio“, de Geoplaneta, es una muy buena elección para los que queremos algo práctico: sitios para comer, para salir, para compras, locales de moda y una pincelada de lo más importante (dejando de lado las típicas recomendaciones de las guías clásicas, que suelen ser una mezcla de caspa y de precios desorbitados). También es bueno llevar un mapa y, aunque en todos los hoteles y hostales suelen tener uno gratuito (patrocinado por KaDeWe, que sería el equivalente a los de El Corte Inglés), uno bueno es el Planoguía Berlín (trae información de restaurantes, tiendas, museos, etc.), que tiene un formato genial, aunque se suele quedar corto si nos movemos lejos del centro. Lo que hay que ver obligatoriamente lo podemos encontrar en cualquier web, como en www.visitberlin.de. Otra opción muy completa es Time Out Berlin, aunque prefiero sitios que se salen de lo típico y ofrecen información mucho más interesante, como Unlike City Guides, una referencia casi obligada.

Respecto del transporte, lo mejor es comprar un abono para los días que vayáis a estar en la ciudad, para las zonas A y B. (hay varias opciones). Cubre metro, tren y autobús al aeropuerto de Tegel. Hay una Welcomecard que incluye descuentos en museos, tiendas, restaurantes, etc., pero normalmente no la aceptan en los sitios más interesantes y, además, en los museos el descuento suele ser mínimo y no vale para las exposiciones temporales (las que solemos ver).

Terminadas las recomendaciones, comienzo ya a contaros el viaje, no sin antes advertir que es la tercera vez que voy a la capital alemana, por lo que muchas de las cosas fundamentales, muy probablemente, no las voy a comentar.

DÍA 1: MARTES

Fernando, en la isla de los museos. El Ayuntamiento al fondo e, irremediablemente, también sale la torre de TV.

Llegamos a Berlín a las 12 de la mañana, con Iberia, al aeropuerto de Tegel. Desde allí cogimos el bus hasta el metro, para bajarnos finalmente en Rosenthaler Platz, donde está el Circus Hotel. Era la primera vez que íbamos a este hotel (anteriormente habíamos ido al Novotel Berlin-Mitte, que está muy bien y es del mismo precio o algo más barato), y lo escogimos por la ubicación y por el ambiente (está pensado para gente joven –también tienen hostal y apartamentos–, tiene una terracita muy chula y el trato es muy bueno).

Como era un poco tarde y no encontrábamos el restaurante que nos recomendó la de recepción (Il Due Forni), acabamos en la pizzería La Cucina, que está enfrente del White Trash Fast Food (de este hablaré más tarde). Pizzas decentes y cervezas.

La tarde la dedicamos a dar una vuelta por el barrio de Mitte, que ya conocíamos.

La primera parada del paseo fue delante del Volksbühne Berlin, teatro construido entre 1913 y 1914 bajo diseños de Oskar Kaufmann, con esculturas de Franz Metzner, y reconstruido después de la Segunda Guerra Mundial, entre 1950 y 1954, de acuerdo a los diseños de Hans Richter.

El teatro Volksbühne Berlin, en la plaza Rosa-Luxemburg.

Desde el teatro, continuamos por Rosa-Luxemburg-Straße, Münzstraße y Rosenthaler Straße, camino de Oranienburger Straße. Paramos en Hackesche Höfe, una especie de centro comercial y cultural (pequeñas tiendas, cines, restaurantes y un teatro, distribuidos en varios patios interiores) que es monumento histórico.

El centro comercial Hackesche Höfe.

Nueva Sinagoga.

Oranienburger Straße la recorrimos en ambos sentidos (aunque antes nos acercamos hasta la isla de los museos, a la zona donde está el Bode Museum): primero hasta Tacheles (ese miniparque temático de casa “okupa” con artistas que es ya un producto comercial más), parando en la Nueva Sinagoga (un edificio de la segunda mitad del siglo XIX) y en Monbijoupark (uno de los innumerables y excelentes parques de Berlín); y de vuelta haciendo una parada en C/O Berlin, una galería de arte en un precioso edificio del s. XIX que fue Oficina de Correos, donde pudimos ver una exposición de fotografía de Larry Clark.

C/O Berlin, una estupenda galería de fotografía donde siempre hay exposiciones que merecen la pena.

– El museo Bode y un coche pintoresco, aparcado muy cerca del museo.

Terraza del Café Bravo

Después de la exposición, hicimos el camino de vuelta al hotel por una de las calles más interesantes, Auguststraße, en la que hay una serie de cafés y galerías muy interesantes. Paramos en el número 69, donde se encuentra el KW Institute for Contemporary Art y su Café Bravo (típico café de Berlín con terraza en un patio interior). Después fuimos a ME Collectors Room, una galería de arte, tienda y café en la que había una exposición de la colección de juguetes de Selim Varol (el tema principal de su colección es el arte pop y, principalmente, los muñecos de vinilo).

– Entrada al centro de arte KW y grafiti en Tacheles.

– Café y exterior del ME Collectors Room, donde se puede ver la exposición de juguetes de arte de Selim Varol.

Un poco más adelante, también en Auguststraße, está el Clärchens Ballhaus, un curioso local que es salón de baile, restaurante gitano y café con jardín, donde se mezcla gente de todas las edades y condición.

Café-jardín del Clärchens Ballhaus.

El paseo ya se estaba haciendo demasiado largo, así que volvimos hasta el hotel a reponer fuerzas antes de la cena. Subimos a la coqueta terraza del Circus para tumbarnos en unas hamacas con un par de cervezas y disfrutar del atardecer.

Terraza del hotel Circus (obviamente, tenía que salir la torre de TV en la foto) 🙂

Para cenar, preguntamos en el hotel a otra recepcionista por un alemán que estuviera bien de precio, fuera chulo y no estuviera muy lejos, Y así, terminamos en Schwarzwaldstuben, en el 48 de Tucholskystraße. Cenamos en la terraza platos alemanes (para ser cocina alemana, no estaba nada mal) y un postre compartido (el único que tenian, pero estaba muy rico).

El restaurante Schwarzwaldstuben, un buen alemán en el 48 de Tucholskystraße.

Tocaba ya retirarse a dormir, porque el miércoles iba a ser un día de parques y bicicleta.

DÍA 2: MIÉRCOLES

Junto con el Tiergarten, Treptowerpark es uno de los parques de Berlín de visita obligada.

Fernando, con la bici alquilada para recorrer Treptower Park.

El miércoles habíamos planeado dar una vuelta por Treptower Park (recomendación de Guillermo). Como quedaba un poco lejos y es enorme, decidimos que lo mejor era alquilar una bicicleta. A pesar del calor y de que hacía más de quince años que no montaba en una, fue una buena idea.

Después de desayunar, cogimos el metro hasta Schlesisches Tor y alquilamos un par de bicicletas en una de las primeras tiendas que vimos en la zona (Berlín está lleno de sitio de alquiler de bicicletas, con precios que oscilan entre 8 y 10€/día).

En el parque Treptower hay un monumento muy soviético (por características y dimensiones), que honra a los soldados del Ejército Rojo que lucharon contra los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Es espectacular por dimensiones y el entorno es una delicia para pasear o para andar en bici.

– El Memorial de Treptowerpark es espectacular por sus dimensiones y por lo “soviético” que es.

Lago del Treptowerpark.

Después de ver el monumento, continuamos en bici hasta el lago que hay en el mismo parque y, a continuación, nos acercamos hasta el Spreepark, un parque de atracciones abandonado que tiene mucho encanto (sólo fotografié la noria porque tenía pocas ganas de saltar la valla, pero podéis encontrar fotos en Internet).

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– La noria del abandonado parque de atracciones Spreepark y una embarcación por el Spree (Treptower Park).

Fuente en Neue Krugallee 4.

Iniciamos el camino de vuelta por la zona del parque que linda con el río, hasta llegar al Badeschiff, la piscina que flota en el Spree y a la que se accede por un pantalán (forma parte de un complejo de ocio nocturno). Como estaba hasta arriba de gente y había cola, aprovechamos para hacer un par de fotos a la escultura de Jonathan Borofsky “Molecule Man” y para buscar un sitio donde comer. Pasamos por el Freischwimmer, un restaurante a orillas de uno de los canales, pero decidimos seguir mirando sitios y, al final, nos decantamos por el restaurante del hotel Michelberger (habíamos mirado el hotel para este viaje, pero al final no nos convenció de todo su ubicación).

La piscina del Badeschiff es un buen lugar para refrescarse cuando aprieta el calor en Berlín (en invierno, la cubren y se convierte en una sauna).

– La escultura Molecule Man en medio del Spree, y el restaurante Freischwimmer, en Vor dem Schlesischen Tor 2a.

Comiendo en el Michelberger.

Después de una típica comida alemana en un patio muy agradable, tomamos el postre en Honolulú, la cafetería del hotel (es, curiosamente, un sitio que me había recomendado Mario sin saber que pertenecía al hotel). Allí estuvios hablando con una camarera española que lleva cuatro años trabajando en Berlín y que nos recomendó el italiano donde iríamos a cenar por la noche.

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– Interior del hotel Michelberger.

Entrada de Honolulu, el bar del hotel Michelberger.

Edificio pintoresco en Falckensteinstraße.

Terminada la sobremesa, pusimos rumbo de nuevo a Schlesisches Tor, cruzando el Oberbaumbrücke, para devolver las bicicletas. Aproveché para fotografiar el edificio de Álvaro de Siza que le gusta a Guillermo y en el que el propio arquitecto, al verlo finalizado, escribió con sus manos en francés en la parte superior: “Buenos días, tristeza”. Por cierto: buscando datos del edificio, encontré este interesante artículo de 2003.

– Dos vistas del Oberbaumbrücke.

“Bonjour, tristesse”.

El inevitable descanso de media tarde.

Bajamos dando un paseo hasta Oranienstraße (pasamos por delante de 1001 Falafel –otra recomendación de Guillermo que no pudimos probar–), entramos en una tienda de vinilos y paseamos por esta y otras calles del barrio de Kreutzberg) y cogimos el metro en Kottbusser Tor para volver al hotel a descansar (obviamente, volvió a tocar terracita y cervezas).

Esta terraza que veíamos desde la del hotel se merecía una foto.

– El metro elevado en Schlesisches Tor y escaparate de una tienda de vinos en la placita de Oranienstraße.

Por la noche volvimos otra vez al barrio de Kreutzberg, para cenar en un italiano muy chulo, Il Casolare, que tiene una terraza frente al Admiralbrücke (hay que ir antes de las 10 para poder cenar en la terraza). En esta zona del canal, la gente se reúne todas las noches a tomar cervezas y hay un gran ambiente.

– Vista desde el Admiralbrücke e interior del restaurante Il Casolare.

Con la cena en Il Casolare y un paseo hasta el metro más cercano terminó el segundo día en Berlín.

P.D.: En el barrio de Kreutzberg, y en general en todo Berlín, los grafitis están al orden del día. Como hice fotos a muchos, he decidido ponerlos todos al final de la crónica del viaje.

Haciendo el payaso por Oranienstraße.

Escultura de ¿Diana cazadora? en la isla de los museos (en el jardín entre la Galería Nacional y el Neues Museum).

DÍA 3: JUEVES

Busto de Nefertiti

En las dos ocasiones anteriores que estuve en Berlín pude disfrutar de casi todos los excelentes museos que hay en la “isla de los museos”, pero el Neues Museum siempre estaba en obras.

Esta nueva visita me daba la oportunidad de disfrutar del contenido (nueva casa del Museo Egipcio, de la colección de papiros y del Museo de Prehistoria, así como de antigüedades clásicas) y del continente (el museo sufrió daños en la II Guerra Mundial –el arquitecto que lo diseñó fue Friedrich August Stüler– y David Chipperfield ha realizado una reconstrucción impresionante).

– Exterior del Neues Museum y de la Galería Nacional (Isla de los Museos).

Comenzamos la mañana del jueves en la isla de los museos, para ver el Neues Museum (sí, donde está el busto de Nefertiti). Por suerte, estaba casi vacío y pudimos ver todas las salas con tranquilidad, disfrutándolo como pocas veces.

– Entrada al Neues Museum y uno de los patios.

La reforma/reconstrucción del Neues Museum de David Chipperfield es magnífica.

– Salas del renovado Neues Museum.

– Esculturas y detalle de bóveda del Neues Museum.

Museo de Historia

Tras la visita al Neues Museum, decidimos recorrer Unter den Linden, el bulevar que es centro neurálgico de Berlín (al menos cultural y turísticamente). Pasamos por el Museo de Historia (la ampliación de I. M. Pei es uno de los edificios de Berlín que más me gustan), el edificio neoclásico de la Nueva Guardia (de Friedrich Schinkel, dedicado a las víctimas de las guerras y las dictaduras, que tiene en su interior –sobrecogedor– una Piedad obra de Käthe Kollwitz), la universidad Humboldt y la ópera (edificios junto a la Bebelplatz), la embajada de Rusia, etc., hasta llegar a la Puerta de Brandemburgo (final de Unter den Linden y entrada al espectacular Tiergarten, uno de los parques imprescindibles de Berlín).

– La universidad Humboldt y la sala de la Nueva Guardia con la Piedad en el centro.

La Piedad, de Kollowitz.

Allí, aparte de la famosa Puerta, está el DZ Bank, obra de Frank O. Gehry (hay que entrar en el hall y ver la escultura-puente-cubierta que lo preside).

Gehry nunca deja indiferente (DZ Bank)

Puerta de BrandemburgoDesde la puerta de Brandemburgo, seguimos el paseo hacia Potsdamer Platz, para continuar hasta el museo Martin-Gropius-Bau, diseñado y construido en el XIX por Martin Gropius y Heino Schmieden, que se encuentra ubicado en la Stresemannstraße. Allí pudimos disfrutar de una de las mejores exposiciones de fotografía que he visto (por lo amplia en contenido, lo bien montada y la información tan completa que se ofrece): la de Diane Arbus.

– Detalle de Potsdamerplatz y un curioso anuncio en la zona (el trabajador es un muñeco).

– Interior del Martin-Gropius-Bau y la excelente librería del museo (donde me compré “Avedon: Murals & Portraits”).

– Fachada principal del Martin-Gropius-Bau.

Parlamento Prusiano.

Tras la expo de Diane Arbus –para algo sirven las buenas guías–, cruzamos al edificio de enfrente, el Parlamento Prusiano, en el que hay una cantina para los empleados y diputados, pero a la que se puede acceder libremente (pasando el control de seguridad, claro). La comida es alemana (y ya sabéis que no son famosos por su buena cocina), pero está bien y es bastante barato.

Vista de la parte del muro de Berlín que se conserva junto a “Topografía del Terror”, con la Hacienda alemana al fondo.

Después de comer, pasamos por Topografía del Terror, centro de documentación donde estaban antiguamente los cuarteles centrales de la Gestapo y las SS, y donde todavía se puede observar una parte del antiguo muro tal y como era (los turistas siempre prefieren los murales del East Side).

GSW Headquarters.

Berlinische Galerie.

Seguimos el paseo por el barrio de Kreuzberg hasta la sede de GSW, un edificio espectacular diseñado por Sauerbruch Hutton architects. Desde allí seguimos hasta la Galería de Berlín (un museo de arte moderno, centrado bastante en fotografía), y aprovechamos la plaza de entrada al museo para descansar un rato en unas tumbonas de tela y madera.

Como el día estaba resultando bastante intenso, decidimos poner rumbo a Moritzplatz, para coger el metro hasta el hotel. Antes de bajar las escaleras del metro, decidimos hacernos unas fotos en un Photoautomat, esos fotomatones antiguos (las fotos son en blanco y negro) que hay por todo Berlín (son otra atracción turística).

– El parque de la Wasserturm es un sitio perfecto para ir al atardecer a tomar unas cervezas con la pareja o con los amigos.

Zionskirche, en Prenzlauer berg.

Después de descansar un rato en el hotel, fuimos al barrio de Prenzlauer Berg, al parque donde está la Wasserturm, el depósito de agua más antiguo de Berlín, en activo hasta 1952 y que tiene una historia tras de él muy interesante (actualmente son apartamentos, pero fue incluso campo de concentración en 1933). Paseamos por el barrio, que tiene cafés tan chulos como el Wohnzimmer (visitamos alguna tienda de diseño, tomamos unas cervezas en una terraza, …) y, finalmente, nos fuimos hasta el parque Weinberg. En lo alto del parque está el restaurante suizo Nola, un sitio para disfrutar de la comida, del diseño de su interior y de su estupenda terraza con vistas al parque.

– Edificio del Impala Coffee e interior del Wohnzimmer, en Prenzlauer berg.

El restaurante suizo NOLA es un sitio fantástico para una cena al atardecer.

– La terraza del restaurante suizo NOLA, con una espléndida vista del parque Weinberg.

Así terminaba nuestro tercer día en Berlín.

P.D.: La foto del busto de Nefertiti la hice durante mi primer viaje a Berlín (noviembre de 2007) y la del café Wohnzimmer en el segundo. Todas las demás son de 2012.

El palacio de Charlottemburg visto desde los jardines.

DÍA 4: VIERNES

El viernes por la mañana tocaba visitar el Palacio de Charlottemburg (fue levantado entre 1695 y 1699 por el arquitecto Johann Arnold Nering, por encargo de Sofía Carlota de Hanover, esposa del príncipe Federico III). En mi primera visita a Berlín estuve en el museo Berggruen (me gustó tanto el edificio como las obras expuestas de Picaso y artistas de su época –Giacometti, Klee, Matisse, etc.–), que está en la zona del palacio, pero no tuve tiempo en aquella ocasión de visitarlo. Esta vez iba preparado para hacer una buena sesión fotográfica, porque sabía que mi madre me lo iba a agradecer, así que aquí os dejo una buena selección del interior del palacio y de los jardines.

Muchos portales esconden sorpresas…

Después de la larga pero interesante visita al palacio de Charlottemburg, nos dirigimos hacia la zona más comercial de Berlín oeste para comer. Hicimos el trayecto de vuelta en autobús y nos bajamos al lado del zoológico. Desde allí fuimos dando un paseo por Kantstrasse, cruzamos la plaza Savigny y terminamos en una bonita calle comercial, Bleibtreustraße, en la que está el restaurante italiano 12 Apostel (buenas pizzas, buena cerveza y buen precio).

Tras la comida, y después de curiosear en una librería y una tienda de regalos de la misma calle, seguimos el paseo por Kurfürstendamm, la arteria comercial principal del barrio, para acercarnos hasta uno de los rincones más agradables de la zona, la Literaturhaus y su precioso café en el jardín (está al lado del Käthe-Kollwitz-Museum).

– Edificios en Kantstrasse.

– El famoso Paris Bar y vista de la Savigni platz.

– Pizza y cerveza en el restaurante 12 Apostel.

Literaturhaus.

– Jardín del museo Käthe-Kollwitz y fchada del Museo de la Fotografía.

Gestalten Space.

Después del café de sobremesa, continuamos con nuestro paseo, pero ya de retirada. Nos acercamos hasta el Museo de la Fotografía (interesante si te gusta el trabajo de Helmut Newton, ya que es la sede de su Fundación –hay más exposiciones, pero lo fundamental es el trabajo de Newton, que ocupa gran parte del museo) y, desde allí, cogimos el metro a la zona del hotel.

Barcomi’s Deli, en el patio de Sophienstraße 21, donde está Gestalten Space.

Antes del descanso diario que precedía a la salida a cenar, aún tuvimos tiempo de acercarnos a Gestalten Space (librería y sala de exposiciones y eventos de diseño gráfico, ilustración, fotografía, etc.) para ver una exposición del ilustrador Olaf Hajek. Aprovechamos también para tomar un zumo en Barcomi’s Deli, el café que hay en el patio interior de Sophienstraße 21 (donde también está Gestalten).

Ya en el hotel, preguntamos a uno de los recepcionistas por un buen sitio para cenar y nos recomendó Little Otik, un pequeño restaurante de camida casera, pero elaborada, regentado por una pareja americana (está en Graefestrasse 71).

Esperando la cerveza en Mein Haus am See.

Little Otik.

Como salimos temprano del hotel, estuvimos un rato en Mein Haus am See tomando unas cervezas (es una mezcla entre club y bar, muy chulo, y está en la misma plaza del hotel Circus). Del bar salimos a coger el metro a la zona de Kreuzberg, para ir al restaurante. La expieriencia no fue totalmente positiva: la comida era rica y el local no estaba mal, pero los precios eran demasiado altos para lo que ofrecían y tardaron casi una hora entre el primer y el segundo plato.

– Otra vista del bar Mein Haus am See y patio en Gippstraße (comunica con el de Sophienstraße 21).

Ya sólo quedaban dos días (o día y medio) de estancia en Berlín, y había que aprovecharlos muy bien.

Vista de la Neue Nationalgalerie y de la Sankt Matthäuskirche (detrás, entre el museo y la escultura).

DÍA 5: SÁBADO

– Cafetería y jardín en el pequeño patio interior del hotel Circus.

Para el sábado no teníamos ningún plan especial, excepto la cena (habíamos reservado en el White Trash Fast Food). Desayunamos tranquilamente en el pequeño jardín interior del hotel y depués cogimos el metro hasta Potsdamer Platz, para visitar la Neue Nationalgalerie.

– Edificio de Potsdamer Platz y escultura de Keith Haring es Eichhornstraße.

Iglesia de San Mateo.

Filarmónica de Berlín.

En el paseo hasta el museo, pasamos junto a una escultura de Keith Haring, vimos el exterior de la Filarmónica, nos paramos a fotografiar la iglesia de San Mateo y, finalmente, después de hacer unas cuantas fotos al fantástico edificio de Mies Van Der Rohe, entramos en la Neue Nationalgalerie (no fuimos a los demás museos del Kulturforum porque ya los había visitado en una ocasión anterior, pero también merece la pena hacerles una visita).

Neue Nationalgalerie.

No voy a hablar aquí del edificio de Mies Van Der Rohe, pero quiero decir tan solo que por disfrutar de él ya merece la pena la visita. Se entra al museo por el piso superior, que está dedicado a instalaciones, y desde él se accede al piso inferior, donde se hallan las salas de exposiciones, el café, la librería y un jardín en el que están las esculturas.

– Neue Nationalgalerie. Vista del exterior y de la planta superior y acceso a las salas.

– Hall principal de la planta inferior (entrada a las salas de la exposición temporal) y vista del jardín desde el interior.

La colección de la Neue Nationalgalerie está centrada en el arte del siglo XX, y en esta ocasión pudimos ver “Divided Heaven. The Collection. 1945–1968“, segunda de tres exposiciones que recogen la colección del museo dividida por épocas. Disfrutamos de esculturas y pinturas de Picasso, Warhol, Max Lingner, Hockney, etc.

Tres vistas de la escultura de Duane Hanson “Policeman and Rioter” (1967).

“Woman in love” (1947), de Max Lingner.

Bauhaus Archiv.

Después de la visita a la Neue Nationalgalerie, como no quedaba muy lejos, dimos un paseo hasta el Bauhaus Archiv, cuyo interesantísimo edificio es obra de Walter Gropius. El museo muestra la influencia de la escuela Bauhaus en la arquitectura, el diseño y el arte. En un viaje anterior hicimos un recorrido muy interesante por el Tiergarten, entrando al parque por la avenida cercana al Reichstag y terminando en el Bauhaus Archiv, después de ver varias embajadas que están en Klingelhöferstraße).

Bauhaus Archiv.

Terraza del Einstein.

Como ya casi era hora de comer, decidimos poner rumbo a uno de los cafés más bonitos y típicos de Berlín, el Einstein, que está en Kurfürstenstraße 58. Comimos en la terraza del café, lo que fue una mala idea porque las avispas no nos dejaron en paz ni un solo momento (la comida estuvo muy bien, y bien de precio). De todos modos, el calor sofocante que hacía en Berlín tampoco aconsejaba comer en los salones del café.

– Salones del café Einstein.

Aeropuerto de Tempelhof.

Después de comer dimos otro paseo por la zona y cogimos el metro para visitar el parque que han hecho en las antiguas pistas del aeropuerto de Tempelhof. Por extensión debe de ser de los más grandes del mundo, pero le falta mucho para ser un parque de verdad. Nos pegamos una buena caminata por la zona más cercana a las instalaciones del aeropuerto y después cogimos el metro de vuelta a la zona del hotel (antes del merecido descanso previo a la cena, tomamos un café en el patio de Gestalten y volvimos andando hasta el hotel por Gipsstraße y Rosenthaler Straße).

“Hold for FOLLOW ME or RTF instructions”.

– No sé si me gustan más las tiendas tan curiosas que hay en el barrio de Mitte o los carteles de las mismas.

El sitio donde fuimos a cenar la noche del sábado lo tenía apuntado en mi libreta de Berlín desde la visita anterior, pero no habíamos llegado a ir. En esta ocasión, curiosamente, pasamos el primer día por delante de él y pensamos que era el típico chino. White Trash Fast Food engaña con su fachada de restaurante oriental y su extraño nombre, pero, al entrar, te llevas la gran sorpresa: una hamburguesería estilo Hard Rock Café, aunque mucho más auténtica, con buen ambiente y con una zona para conciertos en el sótano. Con esta buena cena estilo americano se terminaba el sábado. El domingo era el último día de las vacaciones berlinesas, así que había que aprovecharlo bien.

– Exterior e interior del restaurante White Trash Fast Food.

DÍA 6: DOMINGO

Estanque en Volkspark, un parque a medio camino entre el hotel Circus y el mercadillo de Arkonaplatz.

Fer y su fritz-kola.

Aprovechamos la mañana del domingo, después de hacer las maletas y de desayunar, para ir a curiosear por dos mercadillos. El primero de ellos, el de Arkonaplatz, está dedicado principalmente a los muebles, aunque se pueden encontrar también relojes, objetos para la casa, etc. El segundo, en Mauerpark, es muchísimo más grande y está lleno de gente (puedes encontrar de todo: cazadoras, cámaras de fotos antiguas, relojes, muñecos, carteles, …). Como siempre, si no vas a primera hora, la probabilidad de encontrar algo interesante es muy pequeña. Nuestra gran compra fueron unos clicks de Famobil 🙂

– Dos puestos en el mercadillo de Arkonaplatz.

Después de pasear por los dos mercadillos, nos dirigimos al aeropuerto de Tempelhof, ya que queríamos aprovechar una visita guiada que hay los fines de semana para verlo por dentro (antes habíamos parado en el café Rosalyn para refrescarnos con una fritz-kola).

Terminal del aeropuerto de Tempelhof.

El aeropuerto de Tempelhof se cerró hace pocos años. Tenía grandes pérdidas y en Berlín no sabían qué hacer con tres aeropuertos. Aunque era el más céntrico de los tres, la imposibilidad de hacer más pistas o hacer más grandes las existentes hizo que se tomara la decisión de cerrarlo. Actualmente se alquilan algunas zonas del aeropuerto para fiestas y eventos como la Fashion Week y algunas oficinas también están alquiladas, pero gran parte del aeropuerto está vacío.

La experiencia de la visita guiada fue, digamos, curiosa. Ya íbamos avisados después de haber intentado comprar entradas en la web y comprobar que solo era posible si tenías una cuenta en un banco alemán (no se podía con tarjeta de crédito). Llegamos al aeropuerto, a la puerta donde debía comenzar la visita, y estuvimos esperando con más gente (casi todos alemanes) a que apareciera alguien. Unos minutos después de la hora de inicio de la visita, apareció un señor mayor con una carpeta vieja de cartón azul y gomas y un manojo de llaves. Abrió la puerta y nos pasó a un pequeño hall donde, con papel y bolígrafo, fue apuntando nuestros datos y cobrándonos la entrada (había que pagar en efectivo y con cambio, ya que el señor utilizaba su cartera como caja registradora).

Tras la experiencia inicial, que tuvo lugar en una sala con una temperatura casi insoportable, el señor dio una charla de ¡20 minutos! (y en alemán, ya que no sabía otro idioma) antes de dejarnos ver otra zona del aeropuerto. Como el sistema de charlas largas era el empleado por el vejete para enseñarnos el aeropuerto, siempre que pude me desmarqué para hacer fotos del edificio y las instalaciones, que era lo realmente interesante (una vez casi me quedé encerrado en una sala y tuve que aporrear una puerta para que volvieran a por mí).

La visita se estaba haciendo interminable (por las charlas) y vivimos situaciones esperpénticas como la de la foto que para mí es la mejor que he hecho en el viaje: casi todo el grupo de la visita, en una sala con las paredes derruidas, mirando una foto gigante del aeropuerto como si estuvieran viendo un cuadro del museo del Prado (mientras el señor mayor volvía a soltar un discurso casi interminable).

Como ya habíamos visto casi todo lo interesante (nos sorprendió que el aeropuerto tuviera una cancha de baloncesto y nos hizo gracia la cafetería tan 70s) y se estaba haciendo tarde –teníamos que comer, recoger el equipaje e ir en bus al aeropuerto–, hablamos (con ayuda) con el guía para que nos dejara escaparnos. Así, bajo una tremenda tromba de agua (era la primera vez que nos llovía en el viaje), corrimos hasta la estación de metro más cercana y nos dirigimos al hotel. Comimos, cogimos las maletas, fuimos hasta la parada de bus y, por fin, llegamos a Tegel, punto final de este estupendo viaje a Berlín que, seguro, no será el útlimo.

Vista del aeropuerto de Tempelhof desde la terraza del mismo.

P.D.: Hay muchas cosas fundamentales de Berlín que no he comentado en esta crónica, ya que las vi en viajes anteriores. Si queréis preguntar algo y os puedo ayudar, lo haré encantado.

Con lo que viene a continuación, echo el cierre a la crónica del viaje a Berlín de 2012. He reunido las mejores fotos de grafitos que hice en esta ocasión. Seguro que los hay mucho mejores y más interesantes, pero aquí están los que me encontré en los muchos paseos que dimos por la ciudad. Espero que os gusten.

Grafito en Cuvrystraße.

Grafito en Cuvrystraße.

Grafito en Oberbaumstraße, junto al Watergate.

Grafito en Manteuffelstraße.

Grafito en Oranienstraße.

– Grafitos (uno cercano a la zona de Monjiboupark y el otro en Brunnenstraße.

Grafito en Gipsstraße.

Grafito en Brunnenstraße.

Grafito en Torstraße.

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8 pensamientos sobre “Berlín 2012”

  1. Guillermo Pier dijo:

    Increíble este blog, son unos genios. Yo me confieso: “Los quiero”! Guille.

  2. Muy completa la informacion, aqui va mi experiencia http://momenticosgatunos.blogspot.com.es/2013/12/guia-gatuna-berlin.html

  3. Pingback: Blog de Adolfo

  4. Muy buena reseña de Berlin, super completa amigo! Y el dato de Tacheles es genial, lo he conocido de sorpresa en mi último viaje a esta ciudad hace ya unos años y me pareció fantástico el espíritu de este lugar “secreto” de Berlín!!!

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