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Aunque este año no íbamos a ir de vacaciones, al final pudieron más las ganas que la situación económica y decidimos pasar una semana en Sicilia. Como bien sabéis los que visitáis este blog, ya habíamos estado en Sicilia hace unos años y la experiencia había sido de las que no se olvidan (aquí tenéis la crónica del anterior viaje).

NOTA: Las fotos se pueden ver a mayor tamaño haciendo clic sobre ellas y muchos restaurantes, museos, etc., tienen enlace a su web haciendo clic sobre el nombre.

Plano de Catania. Están marcados los principales recorridos y puntos de interés.

Plano de Catania. Están marcados algunos de los recorridos y puntos de interés que comento en este diario-guía.

En esta ocasión queríamos ver sitios que nos habíamos dejado el viaje anterior por falta de tiempo y, por qué no, repetir alguno de los que más nos habían gustado. El itinerario fue: Catania, Taormina, Palermo, Siracusa, Mazarmemi, Modica, Ragusa y, de nuevo, Catania.

Palacio de los Elefantes y fuente del Elefante, en la plaza de la Catedral.

Palacio de los Elefantes y fuente del Elefante, en la plaza de la Catedral.

El 19 de julio a primera hora de la mañana, con Iberia, pusimos rumbo a Catania. Entre que recogimos el coche de alquiler y esperamos por la maleta, llegamos a la ciudad sobre la una, así que decidimos ir directamente al Mercado de la Pescheria (la otra ocasión en que fuimos a Catania, también llegamos casi a la hora de cierre del mercado). Como Cristina no conocía la ciudad, dimos una vuelta, antes de comer, por la Plaza de la Catedral y alrededores (Catedral –como casi todas las iglesias de Catania, dedicada a Santa Ágata–, Badia di Santa Agata, Palacio de los Elefantes, fuente del Amenano, fuente del Elefante –símbolo de Catania–, etc.).

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– La fuente del Amenano, del siglo XIX, a la entrada de la piazza Benedetto, donde comienza la Pescheria.

Para comer, aunque habíamos pensado en La Paglia (uno de nuestros favoritos de la anterior, y muy corta, visita), decidimos ir a la Osteria Antica Marina, que también está en la Pescheria (en vía Pardo, 29). No se come nada mal, pero no nos pareció nada del otro mundo y es un poco más caro que La Paglia.

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– El mercado de la Pescheria es una de las visitas imprescindibles en Catania.

Tras el almuerzo, nos dirigimos al hotel. El NH Bellini no está en el centro histórico, pero está magníficamente situado, tiene parking, las habitaciones están como nuevas, el baño está muy bien y los desayunos son de los que merecen la pena. Descansamos un rato en la habitación del hotel y, ya atardeciendo, salimos a pasear hasta el casco histórico y a cenar.

Recorrimos el viale XX Setembre y doblamos en via Etnea, la arteria comercial principal de Catania. La primera parada fue en los bonitos jardines Villa Bellini, que son casi continuación del Jardín Botánico.

Entrada a los jardines Villa Bellini por la via Etnea.

Entrada a los jardines Villa Bellini por la via Etnea.

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La autoescuela.

Después seguimos bajando la vía Etnea hasta el Anfiteatro Romano, donde también está la iglesia de Santa Agata alla Fornace. No pudimos entrar porque había una boda –y cualquiera le decía algo a los dos que vigilaban la puerta de acceso–. Desde allí seguimos hasta Santa Agata al Carcere y subimos una escalinata hasta la preciosa Facultad de Jurisprudencia, que está justo al final de la via Crociferi (una de las calles de Catania que hay que patear obligatoriamente). Compramos unas botellas de agua en la Universidad (la cafetería era muy barata, pero no vendían nada con alcohol) y seguimos el paseo por vía Crociferi, pasando por San Camillo, San Benedetto, San Giuliano, San Francesco Borgia, Badia Grande y por algún comercio curioso (como la autoescuela que podéis ver en la foto –el dueño se puso las gafas de sol antes de permitirme hacerla–).

Los bailarines.

Los bailarines.

También nos encontramos a un par de chicos que, en la puerta de una iglesia, estaban ensayando un baile (Catania es de las ciudades más abiertas de Sicilia de cara a los gays, pero aún así, chocaba enormemente verles de aquella manera y en aquel lugar).

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Paseando por las calles de Sicilia, parece que el tiempo se detuvo hace décadas. Al fondo, Santa Agata al Carcere.

Paseando por las calles de Sicilia, parece que el tiempo se detuvo hace décadas. Al fondo, Santa Agata al Carcere.

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– Terraza y escalinatas de acceso a la Facultad de Jurisprudencia.

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– Detalles de la fachada de San Giuliano y verja de la entrada de la Badia Grande.

Iglesia de Santa Agata alla Fornace, "cerrada por boda".

Iglesia de Santa Agata alla Fornace, “cerrada por boda”.

Continuamos el recorrido hacia la plaza de la Catedral y retomamos via Etnea (Universidad, Palacio Sangiuliano, Collegiata), para doblar después por via Antonio di Sangiuliano hasta llegar a la plaza Bellini, donde se halla el Teatro Bellini (inaugurado el 31 de mayo de 1880 con la representación de Norma). Allí paramos a tomarnos unas cervezas, antes de ir a cenar.

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Exterior e interior de la catedral de Catania.

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– Badia di Santa Agata (en un lateral de la catedral) y palacio de la Universidad (en via Etnea).

Patio de entrada del palacio San Giuliano (1745), obra de Vaccarini.

Patio de entrada del palacio San Giuliano (1745), obra de Vaccarini.

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– Palacio de la Universidad visto desde el interior del palacio Sangiuliano  Collegiata (obra de Stefano Ittar).

Teatro Bellini (1880), obra de Carlo Sada.

Teatro Bellini (1880), obra de Carlo Sada.

Cenamos en la terraza de la Pizzeria Via Coppola (via Coppola, 39, muy cerca de la plaza Bellini). Las pizzas eran grandes y ricas –y baratas–, aunque inferiores a las que comimos la otra vez en Trapani o a las que íbamos a comer un par de días después en Palermo (por cierto, lo que no se os ocurra pedir aquí es el vino de la casa; es malo, malo, malo).

Y tras la cena, ya sólo quedaba el camino de vuelta al hotel después de un día intenso y muy caluroso (algo que continuó durante todo el viaje). El sábado por la mañana nos íbamos a pasar el día a Taormina. Al atardecer volveríamos a Catania, ciudad en la que también pasaríamos la última tarde-noche del viaje.

NOTA: Muchas otras cosas interesantes de Catania las he comentado en la entrada del viaje anterior o las comentaré en otras entradas de este viaje.

La fuente del Elefante, símbolo de Catania (su aspecto actual se debe al proyecto de Vaccarini de 1736, aunque sus elementos son más antiguos).

La fuente del Elefante, símbolo de Catania (su aspecto actual se debe al proyecto de Vaccarini de 1736, aunque sus elementos son más antiguos).